Desde siempre, he tenido el sueño de montar un negocio de consumo diario en Jerez, la ciudad donde nací y crecí. Aunque no sabía exactamente qué tipo de negocio sería ni cómo lo llevaría a cabo, tenía claro que debía ser algo diferente y funcionar de manera eficiente.
Para prepararme, estudié empresariales y, tras varios años en la universidad, decidí mudarme a Londres en busca de inspiración para mi modelo de negocio. Londres, con su diversidad y avance en costumbres, tecnologías y negocios, me ofreció el entorno perfecto para explorar nuevas ideas.
Como amante de la buena comida, la elección del tipo de negocio fue sencilla. Solo necesitaba aprender a hacerlo bien para poder replicarlo y enseñarlo. Fue entonces cuando descubrí la cocina japonesa, que me cautivó por sus formas y filosofía. Al probar el atún crudo, pasé de evitarlo a amarlo en cuestión de segundos. En ese momento, supe que esto era lo que quería hacer y a lo que dedicaría mi vida profesional.
Más adelante, viajé a Japón para comprobar el tipo de cocina japonesa que estábamos haciendo en Londres. Aunque todo me gustaba y teníamos una excelente acogida, no estaba seguro si estábamos haciendo auténtica cocina japonesa o algún tipo de fusión. Fue en Japón donde comprendí que el estándar y la calidad de lo que hacíamos en Londres eran muy altos. Allí también descubrí el modelo de negocio que es Tsuro hoy en día: una barra Omakase donde el chef se esfuerza por agradar a todo aquel que se ponga en sus manos.